“Dejémonos mimar una vez como equipo”. Fabricio Oberto había dejado la consigna clara y 15.000 fanáticos abrazaron a los doce muchachos que hace 20 años quemaron los libros y escribieron la historia grande del deporte argentino. Atenas 2004. Oro olímpico. Gloria eterna. La Generación Dorada, marca registrada sin igual, vive su emotiva fiesta homenaje, el agradecimiento de la gente por tanta alegría brindada durante 15 años en la elite mundial. Desde el Sudamericano de Valdivia 2001 a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.
Cambiaron varios nombres con el tiempo, pero la identidad ya estaba arraigada. Pasaron jugadores y entrenadores y el altruismo siguió por encima de todo, egos aparte. Dentro de la cancha, entrega, luchar cada pelota como la última, jugar maltrechos, hacer lucir al compañero. Afuera, amistad, solidaridad, ganas de pasarla bien en pos de un objetivo. Transcurrieron 20 años y la Generación Dorada se reencuentra por primera vez y vive una noche de fiesta en Villa S..
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