Rara vez un documento fue al mismo tiempo tan misterioso y tan anticlimático como la autopsia del Comité Nacional Demócrata sobre lo que salió mal en las elecciones de 2024, que, después de mucho drama y angustia, finalmente fue publicada el jueves.
El presidente del comité, Ken Martin, prometió una auditoría completa de las operaciones del partido cuando competía por el cargo, y volvió a hacerlo cuando lo ganó. En julio pasado, funcionarios dijeron que el informe estaría listo en el otoño boreal. El otoño llegó y pasó, y en diciembre Martin dijo que no se publicaría en absoluto. Al ocultarlo, Martin convirtió el informe en un objeto de sospecha y fascinación. Algunos pensaron que estaba protegiendo a Kamala Harris de cara a 2028. Muchos progresistas estaban convencidos de que el Comité Nacional Demócrata había sepultado la autopsia porque mostraría que Harris había sido derrotada por Gaza. Rob Flaherty, que había sido subdirector de las campañas de Harris y Joe Biden, especuló que el informe ni siquiera existía: “Los miembros del ‘equipo de autopsia’ estaban desbordados y tuvieron dificultades para armarlo”.
Flaherty tenía razón en parte. El jueves, en respuesta a una investigación de CNN, Martin publicó una versión incompleta del informe, un proyecto que había asignado, a tiempo parcial y de manera voluntaria, al consultor demócrata Paul Rivera. El documento, queda ahora claro, se mantuvo bajo reserva no porque fuera políticamente inconveniente, sino porque es un desastre.
Lo más llamativo es su absoluta falta de sustancia. Las palabras “Israel” y “Gaza” no aparecen ni una sola vez en sus 192 páginas. Ofrece poca claridad sobre por qué el Partido Demócrata perdió a grandes cantidades de hombres negros y latinos, o sobre su incapacidad para hablarles a votantes desconectados e irregulares. Gran parte del texto es una sucesión de lugares comunes, como este: “Es imperativo que los demócratas estén a la altura del momento, identificando y preparando a los líderes y organizadores que generarán un cambio positivo para Estados Unidos”. Me pregunté si lo habría escrito una inteligencia artificial, aunque probablemente una inteligencia artificial lo habría hecho mejor.
En un pasaje, la autopsia señala que en Carolina del Norte, Josh Stein, el exitoso candidato demócrata a gobernador, superó ampliamente a Harris. El informe reconoce que Stein se benefició de tener enfrente a un rival ridículo, el exvicegobernador y habitué de foros pornográficos Mark Robinson, “un nazi autodefinido al que la mayoría de los votantes jamás apoyaría”. Aun así, sobre la base de la victoria de Stein, la auditoría afirma, con una complacencia asombrosa, que “el problema no fue la política demócrata ni la marca del partido”, sino “Harris como candidata”.
En otro tramo, la autopsia sostiene que la campaña de Harris no incorporó suficientemente los datos de las encuestas en su mensaje, como si su operación hubiera sufrido un exceso de autenticidad y espontaneidad. Es exactamente lo contrario de la conclusión a la que llegó Flaherty, quien publicó este mes en The Bulwark su propia versión, mucho más incisiva, de una autopsia. “Tendemos a testear todo con encuestas hasta terminar haciendo muchos avisos tibios sobre medicamentos recetados o lo que sea”, escribió sobre los demócratas, mientras que los republicanos son mejores para impulsar relatos virales.
El informe de Rivera plantea algunos puntos razonables. Es correcto, por ejemplo, que la derecha superó ampliamente a los progresistas en la construcción de una infraestructura permanente, como Turning Point, la organización para jóvenes conservadores, mientras los demócratas y sus aliados “hacen inversiones masivas en medios hacia el final de un ciclo electoral y luego desaparecen”. Pero incluso cuando la autopsia acierta, suele hacerlo de una manera tan etérea que roza lo irrelevante. Los demócratas, nos dice, necesitan organizarse durante todo el año, invertir más en publicidad digital y hablar de las preocupaciones “de la mesa familiar” en lugar de la “política identitaria”. “Las derrotas en los estados son la tendencia clave que los demócratas deben revertir”, dice. Rivera podría haber agregado que los demócratas necesitan ganar más votos.
En un comunicado, Martin reconoció que la autopsia había sido un fracaso. Cuando la recibió, escribió, supo que “no estaba lista para las grandes ligas, ni cerca”, y que, como no se había aportado material de respaldo, “habría significado empezar de nuevo”. Sin embargo, lo más extraño y condenatorio no es la precariedad del trabajo en sí, sino la forma en que Martin dejó que su error inicial se pudriera hasta parecer un encubrimiento.
Martin podría haber desactivado la situación diciendo la verdad, que el borrador que recibió era un desastre, y encargando uno nuevo. En cambio, dejó que se transformara en una crisis. En un momento en que el Comité Nacional Demócrata, bajo su liderazgo, parece estar casi insolvente, varios donantes demócratas están reteniendo aportes, según se informó, por la forma en que Martin manejó el informe. “Hablo constantemente con donantes que se niegan a contribuir al Comité Nacional Demócrata”, dijo Amanda Litman, directora de Run for Something, que recluta a jóvenes progresistas para postularse a cargos públicos. “No pueden confiar en Ken Martin. No pueden confiar en que la institución esté haciendo bien su trabajo”. Un proyecto que se suponía destinado a restaurar la confianza en el partido terminó socavándola.
Ahora que la autopsia salió a la luz, sí nos dice algo importante sobre el futuro del Partido Demócrata: Martin debería ser reemplazado. Hablé con demócratas, tanto progresistas como moderados, que dicen que es cerrado y susceptible, un hombre que ganó su puesto prometiendo beneficios a los miembros con derecho a voto en lugar de articular una visión convincente. “Ken Martin está totalmente sobrepasado y no sabe hacer política a nivel nacional”, dijo Phil Gardner, fundador del centrista Blue Dog Action. El creciente malestar con el liderazgo de Martin no es ideológico. Es operativo.
Los demócratas saben que tienen un problema. Como informó este mes Associated Press, operadores del partido ya se acercaron a Litman para medir su interés en reemplazar a Martin. Ella dijo que no —le gusta el trabajo que tiene—, pero aun así cree que él debe irse. “No podemos tolerar la mediocridad”, me dijo. Cada paso de este proceso de autopsia muestra que los demócratas están haciendo exactamente eso.