WASHINGTON.- El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, viajó este martes a Pekín junto al presidente Donald Trump pese a que todavía pesa sobre él una sanción impuesta años atrás por el gobierno chino, una situación que derivó en una peculiar maniobra diplomática: China modificó oficialmente la transliteración de su apellido para permitir su ingreso al país.
Rubio, de 54 años, llegó a China por primera vez. Durante su etapa como senador republicano se convirtió en una de las voces más duras de Washington contra el régimen comunista, especialmente por cuestiones vinculadas con los derechos humanos, Hong Kong y Xinjiang.
Como respuesta, China lo sancionó en dos oportunidades, una práctica que suele utilizar Estados Unidos contra funcionarios extranjeros, pero que Pekín aplica con mucha menor frecuencia.
El gobierno chino encontró una salida burocrática y diplomática después de que Trump lo nombrara secretario de Estado.
Poco antes de la asunción de Rubio en enero de 2025, autoridades y medios estatales chinos comenzaron a utilizar un carácter diferente para representar la sílaba “Lu” de su apellido en mandarín.
Los diplomáticos señalaron que el cambio habría tenido un objetivo concreto: evitar que las sanciones vigentes —que incluían una prohibición de entrada— siguieran alcanzando formalmente al funcionario estadounidense bajo la grafía anterior de su nombre.
El episodio ocurrió en medio de una escalada de tensiones entre ambas potencias por el conflicto en Irán y por el cierre del estrecho de Ormuz, una vía marítima fundamental para el comercio energético mundial.
En los últimos días, Rubio y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, intensificaron públicamente la presión sobre China para que utilice su influencia sobre Teherán y contribuya a reabrir el paso marítimo, por donde circulaba cerca del 20% del petróleo mundial antes del inicio de la guerra.
Trump y varios funcionarios estadounidenses sostienen que el cierre del estrecho perjudica especialmente a China y a otras economías asiáticas dependientes del petróleo de Medio Oriente.
El Departamento de Estado norteamericano anunció el viernes sanciones contra cuatro entidades, incluidas tres compañías con sede en China, acusadas de proporcionar imágenes satelitales sensibles utilizadas para ataques iraníes contra fuerzas estadounidenses en Medio Oriente.
Antes de eso, el Departamento del Tesoro había sancionado a refinerías chinas acusadas de comprar petróleo iraní y a empresas dedicadas al transporte de ese crudo.
Las medidas bloquean el acceso de las compañías al sistema financiero estadounidense y castigan a quienes mantengan negocios con ellas.
Pekín respondió con dureza. El gobierno chino calificó las sanciones como “presión unilateral ilegal” y recordó la vigencia de una ley aprobada en 2021 que prohíbe a entidades chinas reconocer o cumplir sanciones extranjeras.
En paralelo, China mantuvo señales de respaldo diplomático hacia Irán.
La semana pasada, el canciller chino Wang Yi recibió en Pekín a su par iraní, Abbas Araghchi, y defendió el derecho de Irán a desarrollar energía nuclear con fines civiles.
El presidente chino, Xi Jinping, también lanzó críticas indirectas a Estados Unidos al afirmar que el derecho internacional no debe aplicarse de forma selectiva y que el mundo no puede regresar a la “ley de la selva”.
Sin embargo, analistas consideran que tanto Trump como Xi tienen fuertes incentivos para evitar una ruptura total de la relación bilateral.
China busca evitar un deterioro mayor de sus vínculos con Estados Unidos en un momento delicado para su economía, mientras Washington tampoco parece interesado en reabrir un frente de guerra comercial total.
El año pasado, ambos países estuvieron cerca de una escalada económica severa. Trump llegó a amenazar con aranceles del 145% sobre productos chinos y Beijing respondió con mayores controles a las exportaciones de tierras raras, claves para industrias estratégicas estadounidenses.
Agencias AFP y AP