Trump es el que no tiene las cartas en la mesa de póker

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El presidente Donald Trump suele recurrir a metáforas del póker. Le dijo al presidente ucraniano Volodimir Zelensky que “no tenía cartas” para enfrentarse a Rusia. Trump también les dijo a los líderes de Irán que ellos “no tenían cartas” para enfrentarse a él.

¿Alguien podría avisarme cuándo es la noche de póker en la Casa Blanca de Trump? Me encantaría tener un lugar en esa mesa.

Trump apuesta a que, al bloquear a Irán para impedirle exportar su petróleo, podrá forzar a Teherán a negociar en sus términos. Pero algunos expertos creen que Irán tiene ingresos suficientes y capacidad de almacenamiento como para resistir al menos varios meses.

Un hombre permanece de pie en el agua, aparentemente pescando, mientras buques graneleros, cargueros y embarcaciones de servicio se alinean en el horizonte en el Estrecho de OrmuzRazieh Poudat – ISNA

Mientras tanto, Irán apuesta a que, al asfixiar el estrecho de Ormuz —y disparar los precios de la nafta y los alimentos para los estadounidenses y todos sus aliadosTrump terminará actuando de acuerdo con la etiqueta que lo persigue: TACO (Trump Always Chickens Out, “Trump siempre se acobarda”).

Esto es doloroso de ver. Trump y Teherán parecen decir: “Voy a aguantar la respiración hasta que te pongas azul”. Veremos quién se queda sin aire primero.

La verdadera pregunta es: ¿cómo es posible que el régimen iraní haya resistido tanto tiempo —dos meses— frente al poder militar combinado de Israel y Estados Unidos? La respuesta: Trump no entiende cuánto ha transformado la guerra asimétrica la geopolítica en apenas los últimos años.

Pero tampoco quiero ser demasiado duro con el presidente. No está solo. Irán es para Trump lo que Ucrania es para Vladimir Putin, lo que Hamas y Hezbollah han sido para Benjamin Netanyahu y —espere— lo que la próxima generación de ciberpiratas será para China, Estados Unidos y cualquier otro Estado.

Piénselo: el pasado junio, Ucrania introdujo de contrabando 117 drones baratos en Rusia, ocultos dentro de camiones, y destruyó o dañó unos 20 aviones estratégicos rusos, incluidos bombarderos de largo alcance con capacidad nuclear que cuestan millones.

Un incendio en un edificio residencial tras un ataque con drones ruso en Odessa, UcraniaUkrainian Emergency Service

Este año, la Guardia Revolucionaria iraní utilizó drones Shahed-136 de 35.000 dólares para atacar dos centros de datos de Amazon Web Services, causando daños por decenas de millones de dólares, en los Emiratos Árabes Unidos (un tercer centro en Bahréin resultó afectado por un ataque cercano), dejándolos fuera de servicio y alterando sistemas bancarios y otros servicios en toda la región del Golfo Pérsico.

Antes, comandantes de Hamas dijeron que fabricaban pequeños cohetes con caños de asentamientos israelíes abandonados, bombas israelíes sin explotar y otras municiones, e incluso con piezas de un buque de guerra británico hundido de la Primera Guerra Mundial frente a la costa de Gaza. Israel se vio obligado a utilizar misiles Patriot de 4 millones de dólares cada uno para interceptarlos.

En otras palabras, ya estamos en una nueva era en la que potencias pequeñas y grupos reducidos pueden aprovechar herramientas de la era de la información —guiadas por GPS y controladas digitalmente— para obtener ventajas asimétricas.

“Siempre hemos pensado el poder en términos de la capacidad de provocar destrucción masiva”, me dijo en una entrevista John Arquilla, exprofesor de análisis de defensa en la Escuela Naval de Posgrado y autor de Troubled American Way of War. En un mundo interdependiente, “muchos actores pequeños ahora tienen la capacidad de generar ‘disrupción masiva’ en el mundo físico o virtual”, desde el estrecho de Ormuz hasta el ciberespacio.

Trump inició esta guerra de forma temeraria, sin aliados, sin planificación de escenarios y, evidentemente, sin una comprensión real de los recursos de Irán en la guerra asimétrica. Aun así, sería un desastre para la región y el mundo que el régimen iraní salga de esta guerra intacto y sin reformas, porque está llegando un conjunto de herramientas asimétricas aún más potente para los actores maliciosos.

Una mujer integrante del Basij sostiene su arma durante una manifestación en apoyo al líder supremoVahid Salemi – AP

Esto es lo verdaderamente nuevo y preocupante: estamos pasando rápidamente de la era de la guerra asimétrica basada en herramientas de la “era de la información”, capaces de provocar disrupciones masivas, a una era de guerra asimétrica basada en herramientas de la “era de la inteligencia”, que pueden generar disrupciones mucho mayores, a gran escala y bajo demanda, a un costo muy bajo.

Es una distinción clave. La era de la información —computadoras, smartphones, internet y GPS— nos dio herramientas que amplifican el poder y el alcance de un operador entrenado. Aumentó enormemente la capacidad de cualquier programador, operador de drones, ladrón de ransomware, hacker, influencer o especialista en desinformación. Hizo más poderosas a las unidades pequeñas, pero requería cierto conocimiento humano para operar esas herramientas. Y la intención humana siempre las dirigía.

En la era de la inteligencia, los agentes de inteligencia artificial basados en grandes modelos de lenguaje —como Claude de Anthropic, Gemini de Google y ChatGPT de OpenAI— pueden ser activados con una sola instrucción humana y ejecutar de manera autónoma, optimizando por sí mismos, ciberataques complejos de múltiples etapas.

Dicho de otro modo: las herramientas de la era de la información amplificaban a operadores entrenados dentro de organizaciones, incluso terroristas. Las de la era de la inteligencia reemplazan a esos operadores por agentes de IA mucho más inteligentes, autónomos y eficaces, con mayor capacidad destructiva y a bajo costo.

Estas capacidades “que pueden superpotenciar a los individuos, y que muchos creían que estaban a 18 meses o dos años de distancia, ya están aquí”, me dijo Craig Mundie, exjefe de investigación y estrategia de Microsoft. “Cuando el carácter de doble uso de estas tecnologías de IA se democratice por completo —y hacia allí vamos— representarán una amenaza concreta para todas las sociedades desarrolladas”, al poner herramientas poderosas en manos de actores que históricamente “no tenían ninguna carta”.

Las herramientas de la era de la información amplificaban a operadores entrenados dentro de organizaciones, incluso terroristas

En otras palabras, cualquiera con un chatbot o agente de IA va a tener cartas. ¿Cómo podría verse eso? Un artículo reciente del New York Times de Gabriel J. X. Dance empieza así:

“Una noche del verano pasado, el doctor David Relman sintió un escalofrío frente a su computadora cuando un chatbot de IA le explicó cómo planear una masacre. Microbiólogo y experto en bioseguridad en la Universidad de Stanford, Relman había sido contratado por una empresa de inteligencia artificial para poner a prueba su producto antes de lanzarlo al público. Esa noche, en su oficina, el chatbot detalló cómo modificar un patógeno conocido en un laboratorio para hacerlo resistente a tratamientos. Peor aún, describió con detalle cómo liberar el ‘supermicrobio’, señalando una vulnerabilidad en un sistema de transporte público.”

Mi traducción: ya leyó cómo Irán utilizó drones baratos de 35.000 dólares para cerrar el estrecho de Ormuz. Espere a ver cómo puede aprovechar los grandes modelos de lenguaje y sus agentes de IA a un costo aún menor.

¿Cómo accedería Irán a estas herramientas? Basta recordar una noticia de hace unas semanas: Anthropic anunció que su nuevo modelo de IA, Mythos, era demasiado eficaz para detectar vulnerabilidades en sistemas operativos y otros programas. Días después, OpenAI hizo un anuncio similar sobre su modelo de ciberseguridad GPT-5.4-Cyber.

Según informó Bloomberg, las fallas que detecta Mythos son del tipo que “suelen ser una mina de oro para los hackers, porque les abren una ventana de acceso libre dentro de sistemas vulnerables”.

Manifestantes queman efigies de Netanyahu, Trump y Marcos Jr. durante una protesta por el Día del Trabajo en ManilaJAM STA ROSA – AFP

Anthropic y OpenAI decidieron restringir el acceso a estos sistemas a desarrolladores confiables para que pudieran detectar y corregir fallas antes de una difusión más amplia. Pero ocurrió lo previsible: usuarios no autorizados lograron acceder a Mythos de todos modos.

Bloomberg informó la semana pasada que algunos externos obtuvieron acceso, aunque Anthropic dijo no tener evidencia de que eso haya afectado sus sistemas. Ese grupo “está interesado en experimentar con nuevos modelos, no en causar daños”, según una fuente citada.

Es difícil exagerar lo desestabilizadores que pueden ser estos avances acelerados en la sofisticación de la IA. Por eso, Mundie y yo sostenemos desde hace tiempo que las dos superpotencias en IA —Estados Unidos y China— necesitan encontrar la forma de seguir compitiendo estratégicamente mientras cooperan para neutralizar estas nuevas amenazas asimétricas de la era de la inteligencia, de manera similar a cómo Estados Unidos y la Unión Soviética limitaron la proliferación nuclear durante la Guerra Fría.

De lo contrario, ninguno de ellos estará a salvo. Ni nadie más.