A 40 años de la explosión nuclear que consternó al mundo, la pesadilla de Chernobyl sigue pesando sobre Ucrania

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CHERNOBYL, Ucrania.– Ucrania conmemora este domingo el 40º aniversario de la explosión en la central nuclear de Chernobyl, que desató la peor catástrofe nuclear civil de la historia y cuyas secuelas se sienten al día de hoy.

Esta fecha se recuerda también más de cuatro años después de la invasión rusa, que ha vuelto a poner en peligro esta y otras plantas nucleares ucranianas y ha aumentado el riesgo de que se produzca otra tragedia radiactiva.

La tragedia que superó las peores pesadillas ocurrió el 26 de abril de 1986, cuando un error humano durante una prueba de seguridad provocó una explosión en el reactor número cuatro de Chernobyl, en el norte de Ucrania, que entonces formaba parte de la Unión Soviética.

El estallido destrozó el interior del edificio y lanzó una nube de humo radiactivo a la atmósfera. El combustible nuclear siguió ardiendo durante más de diez días, mientras se lanzaban miles de toneladas de arena, arcilla y lingotes de plomo desde helicópteros para contener la fuga.

Restos del techo derrumbado de la central nuclear de Chernobyl, dañada en el incendio ocurrido en 1991 en la sala de turbinas del reactor número 2, en Ucrania, el 13 de octubre de 1991 (AP/ Efrem Lukatsky)Efrem Lukatsky – AP

El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) determinó en su momento que las causas principales del desastre fueron las “graves deficiencias en el diseño del reactor y del sistema de apagado”, combinadas con el “incumplimiento” de los procedimientos operativos.

En los días siguientes, la nube radiactiva contaminó gravemente Ucrania, Bielorrusia y Rusia antes de extenderse por toda Europa. La primera alerta pública se emitió solo dos días después, el 28 de abril, cuando Suecia detectó un pico en los niveles de radiación en su territorio.

El cuarto de control del fatídico reactor N°4 que desató la tragedia de la planta nuclear Efrem Lukatsky – AP

El OIEA fue notificado oficialmente del accidente el 30 de abril, pero el líder de la URRS, Mikhail Gorbachov, que por esos días intentaba dotar de más transparencia al oscuro sistema soviético, no lo reconoció sin embargo hasta el 14 de mayo. Es decir, veinte días después.

El fotógrafo ucraniano Efrem Lukatsky, de la agencia AP, relató años más tarde el vacío de información que había en torno al tema en Kiev, donde vivía, situada a solo dos horas del sitio de la espeluznante explosión.

“Nadie hablaba abiertamente sobre lo sucedido en Chernobyl, pero la inquietud crecía. Sentía un sabor metálico en la boca y sequedad en la garganta. Otros también lo sentían, pero nadie entendía por qué. El primer reconocimiento oficial, breve y conciso, llegó dos días después: que se había producido un accidente. Nada más. La gente hablaba en voz baja sobre los bomberos de la central que eran trasladados en avión a hospitales de Moscú”, señaló.

Los autitos chocadores de un parque de diversiones abandonado de Pripyat, la ciudad más castigada por el desastre nuclearEfrem Lukatsky – AP

Oficialmente, la vida continuó con normalidad, y solo se enteró de la gravedad del asunto sintonizando las emisiones de radio occidentales, que muchos solían escuchar para enterarse de las noticias que el Estado no brindaba.

Miles de personas murieron como consecuencia de la exposición a la radiación, aunque varían mucho las estimaciones del número exacto de víctimas. Un informe de la ONU de 2005 estimó en 4000 las muertes comprobadas o previstas en los tres países más afectados. Greenpeace calculó por su parte cerca de 100.000.

Los efectos radiactivos hicieron también estragos en otros cientos de miles de personas. Según estimó la ONU, unas 600.000 personas que participaron en las operaciones de limpieza y contención, conocidas como “liquidadores”, estuvieron expuestas a altos niveles de radiación.

Retratos de jerarcas comunistas desparramados y cubiertos de polvo radiactivo en la sede de un club de PripyatEfrem Lukatsky – AP

El área alrededor de la central fue evacuada y se convirtió en una zona de exclusión, con pueblos, campos y bosques abandonados. Más de 2200 km2 en el norte de Ucrania y 2600 km2 en el sur de Bielorrusia son, en la práctica, inhabitables. La gente no podrá vivir allí de forma segura durante los próximos 24.000 años, según el OIEA.

La ciudad de Pripyat, a tres kilómetros de la central y con una población de 48.000 habitantes en 1986, fue completamente evacuada. Permanece abandonada, con sus edificios vacíos y en ruinas, incluido un parque de atracciones oxidado y una noria, que la hacen parecer una ciudad fantasma postapocalíptica.

Antes de la invasión rusa de 2022 era posible realizar visitas guiadas al lugar, pero desde hace casi tres años la zona permanece cerrada a los turistas.

Praskoviya Nezhyvova coloca una foto de su hijo, Viktor, que murió tras las operaciones de limpieza de la explosión, en un monumento a las víctimas en Kiev Efrem Lukatsky – AP

Sin presencia humana, la región se ha convertido prácticamente en una vasta reserva natural, donde en 1998 se reintrodujo el caballo de Przewalski, una especie rara y en peligro de extinción.

Los restos de la central están cubiertos por una estructura interna de acero y hormigón conocida como el sarcófago, construida a las apuradas tras la emergencia de 1986.

Entre 2016 y 2017 se instaló una nueva cubierta exterior de alta tecnología, denominada Nuevo Confinamiento Seguro y diseñada para sustituir finalmente al sarcófago, que no estaba pensado como una solución permanente.

Una guardería abandonada en la zona de exclusión en los alrededores de Chernobyl Serhii Barylo – Shutterstock

Esta enorme estructura metálica exterior fue perforada por un dron ruso en febrero de 2025, en el marco de la invasión de los ejércitos del Kremlin, por lo que perdió su capacidad para contener la radiación.

Greenpeace señaló en un reciente informe que, dado que la cubierta “no puede repararse por el momento, y no puede funcionar como fue diseñada, existe la posibilidad de fugas radiactivas”. Se espera que las reparaciones duren entre tres y cuatro años.

Otro ataque ruso podría provocar el colapso del refugio contra la radiación, según declaró el director de la central en diciembre de 2025.

Un cartel de advertencia de radiación sigue en pie junto a los restos de una camioneta de militares rusos cerca de Chernobyl, en 2022 Efrem Lukatsky – AP

La catástrofe de Chernobyl aumentó el temor del público hacia la energía nuclear, lo que impulsó un auge de los movimientos antinucleares en toda Europa.

Sin embargo, cuatro décadas después, hay un resurgimiento en todo el mundo, una tendencia que ha recibido un gran impulso con la guerra en Medio Oriente.

Más de 400 reactores están en funcionamiento en 31 países, mientras que otros 70 están en construcción. La energía nuclear produce alrededor del 10% de la electricidad mundial, lo que equivale a una cuarta parte de todas las fuentes de energía con bajas emisiones de carbono.

La estructura que protege los restos de la central nuclear de Chernobyl. En febrero de 2025 fue atacada por un dron ruso. Efrem Lukatsky – AP

Los reactores nucleares han experimentado mejoras constantes, añadiendo más características de seguridad y haciendo que su construcción y operación sean más baratas.

Alemania parece la excepción a esta tendencia. Décadas de protestas antinucleares en el país, avivadas por accidentes pasados, presionaron a sucesivos gobiernos a dejar de utilizar una tecnología que los críticos consideraban insegura e insostenible. Alemania apagó sus últimos tres reactores en 2023, el último paso de los planes que habían elaborado gobiernos de diversas tendencias.

Una reactivación nuclear significativa en Alemania todavía parece improbable, a pesar de las recientes conversaciones entre algunos miembros del bloque de centroderecha del canciller Friedrich Merz sobre estar abiertos a una posible generación futura de pequeños reactores modulares.

Agencias AFP y AP