James Dyson es empresario, pero antes fue inventor y, como tal, uno de los pilares de su trabajo ha sido la perseverancia, la experimentación y el ensayo y error. Esa fórmula lo llevó a acumular una fortuna hoy estimada en US$ 16.900 millones.
El británico, nacido en la localidad de Cromer en 1947, es diseñador industrial y creador de la primera aspiradora sin bolsa del mundo, un invento basado en la tecnología de separación ciclónica. Alcanzar esa innovación le llevó cinco años y 5127 prototipos.
Finalmente, su idea —una aspiradora que no perdiera potencia de succión— se hizo realidad en 1983, aunque tardó algunos años más en llegar al mercado. La G-Force, como se llamó aquel primer producto, fue rechazada por los principales fabricantes del país, por lo que el inventor decidió crear su propia empresa y comenzar a producirla.
Fundó Dyson Ltd (hoy Dyson Holdings) en 1991, y una década después de concebir el proyecto, logró el éxito de la mano del eslogan “dile adiós a la bolsa”. La combinación de ingeniería, motores de alta velocidad y robótica hizo del producto un hit comercial.
Así, la Dyson Dual Cyclone se convirtió en la aspiradora de venta más rápida de las fabricadas en el Reino Unido. Ya entrada la década de 2000, la empresa amplió su portafolio con una gama de electrodomésticos que incluyó una lavadora con dos tambores giratorios.
El secreto del éxito de la compañía ha sido la perseverancia y la capacidad de no sucumbir ante los errores, según su fundador.
“Hice 5127 prototipos de mi aspiradora antes de hacerlo bien. Hubo 5126 fallas. Pero aprendí de cada una. Así que no me importa el fracaso. Siempre he pensado que los estudiantes deben ser marcados por la cantidad de fracasos que han tenido. El niño que prueba cosas extrañas y experimenta muchos fracasos para llegar allí, probablemente sea más creativo», reflexionó Dyson en una entrevista con la revista Fast Company.
Con el tiempo, la empresa amplió sus horizontes e incursionó en otros mercados, más allá de los electrodomésticos. Dyson desarrolló, junto a su equipo de ingenieros, secadores de manos, auriculares con cancelación de ruido y purificadores de aire.
Uno de los sectores en los que avanzó fue el de la belleza, con la creación de un secador de pelo que incorpora tecnología Air Multiplier (que genera un flujo de aire de alta velocidad), control inteligente de calor para evitar daños en el cabello e ionizador de aire para reducir la estática y el frizz. En los últimos años, la secadora —conocida como “la Dyson”— se ha vuelto viral entre famosos e influencers de todo el mundo.
Estos desarrollos llevaron al empresario a convertirse en la persona más rica del Reino Unido en 2019, después de que la empresa alcanzara ganancias de US$ 1400 millones. Según datos de la agencia Bloomberg, en 2024 la compañía registró ingresos por US$ 8900 millones.
Además del sector industrial, Dyson también se desempeña en el ámbito rural. Su empresa Dyson Farming está presente en diferentes puntos del Reino Unido con cultivos de trigo, cebada, centeno, maíz, papas, legumbres y frutillas; y cría de ganado vacuno y ovino.
Con su trayectoria y su patrimonio consolidados, el empresario decidió impulsar a otros emprendedores en el desarrollo de nuevas invenciones y negocios.
En 2002 creó la Fundación James Dyson, una organización benéfica que ofrece apoyo económico, mentorías y recursos para que jóvenes ingenieros adquieran experiencia laboral y se inspiren a crear soluciones a grandes desafíos globales.
Cada año, la fundación organiza el James Dyson Award, un concurso internacional que convoca a talentos a resolver problemas mediante el diseño y la ingeniería. La competencia, abierta a estudiantes de todo el mundo, otorga como recompensa fondos para el desarrollo de los proyectos ganadores.
El próximo 15 de julio cerrarán las inscripciones para una nueva edición del certamen, que “ofrece la oportunidad de abrirte camino como inventor”, según la fundación.
El empresario se refirió a esta iniciativa en su página web: “Los jóvenes ingenieros de diseño tienen la capacidad de desarrollar tecnologías concretas que pueden cambiar vidas. El James Dyson Award reconoce a aquellos que demuestran perseverancia y determinación a la hora de desarrollar sus ideas”.
No es casual que hoy premie a quienes persisten a pesar de los fracasos: su propia historia es prueba de que innovar empieza, casi siempre, por fallar.
Por Analía Pereira