LONDRES.– En medio de la creciente crisis energética global, Gran Bretaña encabezó este jueves una ofensiva diplomática para intentar destrabar el estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio mundial de petróleo y gas natural licuado que permanece prácticamente paralizada por el conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel. Más de 40 países participaron de una reunión virtual convocada por Londres y coincidieron en exigir la “la apertura inmediata e incondicional” del paso marítimo.
Asistieron a la reunión representantes de Francia, Alemania, Países Bajos, Japón, Canadá, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Chile o Emiratos Árabes Unidos.
La ministra de Relaciones Exteriores británica, Yvette Cooper, fue contundente al describir la situación: acusó a Irán de “tratar de tomar como rehén a la economía mundial” mediante el bloqueo del estrecho, por donde en condiciones normales circula cerca de una quinta parte del petróleo global. “No deben salirse con la suya”, afirmó tras el encuentro, en el que los países participantes también acordaron explorar posibles medidas económicas y políticas, incluidas sanciones.
El encuentro se dio en un contexto de máxima tensión internacional. Desde el inicio del conflicto el 28 de febrero —tras ataques israeloestadounidenses contra Irán—, Teherán restringió severamente el tránsito en Ormuz.
El tráfico marítimo se redujo a niveles mínimos, mientras que los precios del petróleo y de los alimentos registraron subas abruptas que afectan a economías de todo el mundo.
Así, Cooper remarcó la “urgente necesidad” de restablecer la seguridad en la zona y llamó a una “movilización colectiva” que combine herramientas diplomáticas y económicas para garantizar una reapertura segura. “Hemos visto a Irán secuestrar una ruta marítima internacional”, sostuvo al abrir la reunión, celebrada a puertas cerradas.
La ministra británica añadió que, aparte de las conversaciones diplomáticas, el próximo martes habrá una reunión presencial y telemática de planificadores militares para evaluar cómo “mantener la seguridad del transporte marítimo a largo plazo”, lo que incluirá el posible envío de efectivos para la limpieza de minas en ese paso estratégico del golfo Pérsico.
El llamado británico se produce también bajo la presión del presidente estadounidense, Donald Trump, quien en los últimos días intensificó su retórica contra Teherán. “Los países que reciben petróleo a través de Ormuz deben cuidar ese paso”, declaró, al tiempo que advirtió que consideraría un alto el fuego solo cuando el estrecho esté “libre y despejado”. En un discurso reciente, incluso amenazó con “devolver a Irán a la Edad de Piedra” si no cede a las exigencias de Washington.
Sin embargo, Estados Unidos no participó de la reunión convocada por Londres, en línea con la postura de Trump de que la seguridad del estrecho no es responsabilidad exclusiva de su país.
Durante el encuentro, representantes de Italia, Países Bajos y Emiratos Árabes Unidos plantearon la necesidad urgente de establecer un “corredor humanitario”, especialmente para garantizar el suministro de fertilizantes y evitar una crisis alimentaria en regiones vulnerables, como África. En tanto, se discutió la posibilidad de coordinar acciones con la Organización Marítima Internacional para liberar a miles de buques y marineros que permanecen varados en la zona.
De todas maneras, no se hizo ningún anuncio de medidas concretas.
Pese al consenso general sobre la necesidad de reabrir Ormuz, las posiciones internacionales siguen siendo divergentes. China, por ejemplo, responsabilizó a Estados Unidos e Israel por el bloqueo, al calificar sus ataques contra Irán como la “causa principal” de la crisis.
Francia, en tanto, advirtió que cualquier intento de garantizar la seguridad del estrecho solo será viable una vez que disminuya la intensidad de los combates.
El presidente francés, Emmanuel Macron, descartó además una intervención militar directa para abrir la vía marítima, al considerar que sería “poco realista”. En cambio, propuso avanzar en una misión internacional de escolta para buques petroleros una vez que se alcance un eventual alto el fuego.
Mientras tanto, Irán mantiene una postura desafiante. La Guardia Revolucionaria aseguró que el estrecho seguirá cerrado para los “enemigos” del país, y desde Teherán se anunció la elaboración de un nuevo protocolo conjunto con Omán para controlar el tránsito marítimo. Según el viceministro de Asuntos Exteriores, Kazem Gharibabadi, los buques deberán obtener permisos coordinados entre ambos países, una medida que, según afirmó, busca “garantizar un paso seguro”, aunque en la práctica implicaría un mayor control iraní sobre la ruta.
Sobre el terreno, la situación continúa deteriorándose. Según datos de la firma Lloyd’s List Intelligence, desde el inicio del conflicto se registraron al menos 23 ataques contra buques mercantes en el Golfo, con un saldo de 11 tripulantes muertos. El tráfico actual se limita casi exclusivamente a petroleros iraníes, muchos de ellos operando al margen de sanciones internacionales.
En este contexto, ningún país parece dispuesto a intentar abrir el estrecho por la fuerza mientras persistan los combates, ante el riesgo de ataques con misiles, drones o minas navales. La estrategia internacional, por ahora, apunta a aumentar la presión diplomática y económica sobre Irán para forzar una negociación.
La iniciativa británica también refleja un intento de Europa por asumir un rol más activo en la gestión de crisis internacionales, en un contexto marcado por las críticas de Trump a la OTAN y su insistencia en que otros países asuman mayores responsabilidades. En ese escenario, Londres y París buscan posicionarse como líderes de una eventual coalición que garantice la estabilidad en una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo.
Agencias AP, AFP y Reuters