PARÍS.– Mientras la guerra entre Israel y Estados Unidos contra Irán entra en su segunda semana, el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, advirtió que el programa nuclear iraní permanece prácticamente intacto y que Teherán sigue disponiendo de suficiente uranio enriquecido para fabricar alrededor de diez armas nucleares.
En una entrevista concedida a Radio Francia Internacional (RFI), el diplomático argentino señaló que, pese a los bombardeos israelíes y estadounidenses de los últimos días, la situación de los principales activos nucleares iraníes “permanece en el mismo estado en el que estaba antes de la guerra”.
Según explicó Grossi, Irán posee actualmente más de 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, una cantidad que, si se procesara hasta el nivel necesario para uso militar, permitiría fabricar aproximadamente una decena de bombas nucleares.
El funcionario sostuvo que, más allá del desarrollo del conflicto armado, la comunidad internacional deberá volver inevitablemente a la mesa de negociaciones para abordar el programa nuclear iraní, una disputa que lleva más de dos décadas.
“Más allá del conflicto –que tendrá su propia lógica y que espero llegue a negociaciones, ojalá lo antes posible– será necesario encontrar una solución duradera a esta historia que nos afecta desde hace más de veinte años”, señaló.
Uno de los interrogantes centrales es el paradero exacto del material nuclear iraní. Grossi explicó que existe un amplio consenso entre los expertos en que el uranio enriquecido sigue almacenado en los mismos lugares donde estaba antes del inicio de las hostilidades.
Según detalló, la mayor parte del material se encontraría en túneles subterráneos del complejo nuclear de Isfahan y, en menor medida, en instalaciones del centro de enriquecimiento de Natanz.
Aun así, el titular del OIEA reconoció que la situación no puede considerarse completamente clara. “Hoy sigue siendo una pregunta sin respuesta”, admitió, al subrayar que el organismo internacional no puede verificar plenamente la situación mientras continúe la guerra.
Grossi también abordó uno de los temores más repetidos desde el inicio de los bombardeos: las posibles consecuencias de un impacto directo sobre el uranio enriquecido.
En ese sentido, buscó relativizar el riesgo de un desastre nuclear.
El director del OIEA explicó que, desde el punto de vista técnico, un ataque contra ese material no provocaría una explosión nuclear ni un accidente comparable con los grandes desastres atómicos conocidos.
“Las consecuencias radiológicas de un impacto directo podrían existir, pero serían muy limitadas, más bien del tipo de una intoxicación química”, explicó. “No habría una consecuencia nuclear en el sentido en que normalmente se imagina”.
A su juicio, el problema principal no es tanto el impacto inmediato de un ataque como el desafío estratégico que implica la posibilidad de que Irán avance hacia el desarrollo de armamento nuclear. “Esa posibilidad existe y, por supuesto, no ha desaparecido”, subrayó.
Grossi también confirmó que algunas instalaciones nucleares iraníes sufrieron daños durante los ataques recientes, aunque afirmó que los bombardeos actuales no se han concentrado principalmente en esos objetivos.
El diplomático explicó que existe una diferencia clara con los ataques registrados en junio de 2025. “En aquel momento se trataba claramente de ataques dirigidos a las instalaciones nucleares”, señaló.
En cambio, en la ofensiva actual los objetivos han sido en gran medida políticos e industriales. Según detalló, se registraron dos ataques en Isfahan y uno en Natanz, aunque sin daños de gran magnitud.
Más allá del impacto material de la guerra, la mayor preocupación del director del OIEA es el efecto político que el conflicto podría tener dentro de Irán.
Grossi advirtió que el enfrentamiento militar podría fortalecer a los sectores más radicales del régimen iraní, que desde hace años sostienen que el país debería dotarse de armas nucleares para garantizar su seguridad.
“Existe la posibilidad de que algunos sectores más radicalizados sostengan que, dadas las circunstancias, la solución sería finalmente dotarse de armamento nuclear”, dijo. “Esa es la hipótesis que me preocupa”, agregó.
Por ahora, el OIEA mantiene el contacto con las autoridades iraníes, aunque Grossi reconoció que, en medio de los bombardeos, las negociaciones sobre el programa nuclear no están sobre la mesa.
Aun así, insistió en que la vía diplomática será inevitable una vez que disminuya la intensidad del conflicto. “Creo que ese momento llegará”, concluyó. “Y cuanto antes, mejor”.
Las advertencias del jefe del OIEA se producen además en un momento de renovado debate internacional sobre el papel de la energía nuclear en el sistema energético global.
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, inauguró este martes en París una cumbre internacional destinada a relanzar el uso de la energía atómica para generar electricidad. El encuentro reunirá a unos 40 países y organizaciones internacionales, entre ellos representantes de Estados Unidos y China, dos de los actores históricos del sector.
La reunión, organizada junto al OIEA, coincide además con dos aniversarios simbólicos: los 15 años del accidente nuclear de Accidente nuclear de Fukushima en Japón y los 40 años de la catástrofe de Desastre de Chernobyl en Ucrania.
Tras décadas de controversias, la energía nuclear vive hoy un renovado interés impulsado por la búsqueda de seguridad energética, la necesidad de reducir las emisiones para combatir el cambio climático y el aumento de la demanda eléctrica generado por tecnologías como la inteligencia artificial.
Actualmente la energía nuclear produce cerca del 10% de la electricidad mundial, con unos 450 reactores en funcionamiento en alrededor de 30 países. Pero, según señaló Grossi, otros 40 Estados han manifestado interés en desarrollar esta fuente energética, entre ellos Argentina y Sudáfrica.
La guerra en Medio Oriente volvió además a exponer la vulnerabilidad de las economías dependientes de la importación de petróleo, con riesgos de interrupción del suministro y fuertes fluctuaciones de precios en los mercados internacionales, un escenario que algunos gobiernos consideran un argumento adicional para reforzar las fuentes de energía nuclear.
Agencia AFP