Fue un pueblo pesquero, una mega explosión lo hizo casi desaparecer y ahora se erige como una urbe resurgida de las cenizas

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Halifax, en Canadá, no solo aparenta ser una ciudad opulenta, con edificios vidriados y de estilo moderno. En su pasado esconde una tragedia que la marcó hasta la actualidad y que obligó a cambiar las normas de navegación comercial, luego de que en 1917 la explosión de un barco con dinamita casi la borrara por completo del mapa. Este hecho es poco conocido y fue un precedente en la detonación no nuclear y artificial más importante en la historia de la humanidad.

La nube de humo llegó a verse desde los pueblos aledaños a Halifax(Fuente: Paul Fearn / Enciclopedia Británica)

El pequeño pueblo de Halifax, provincia marítima de Canadá, se fundó en 1749 por orden de la corona británica con el propósito de crear allí una de las bases militares más fuertes del imperio. Su ingreso no solo provenía de los sueldos de la Real Armada Británica, sino también de la pesca en mar abierto. Tal fue la incidencia para Canadá que los gobernantes decidieron protegerla con la construcción de una muralla que demandó 30 años en ser finalizada.

Con la llegada de inmigrantes protestantes de Europa y de estadounidenses leales a los británicos, Halifax se transformó en una ruta comercial y militar principal y con el paso de los años el transporte de material inflamable circulaba como moneda corriente.

El pueblo pesquero de Halifax en Nueva Escocia, se erigió como un puerto de importancia para la Armada Real Británica(Fuente: Archivos de Nueva Escocia, 1983-310 número 10199)

Durante principios del siglo XX desde allí zarpaban buques cargados con todo tipo de materias primas en dirección a Europa. Al tratarse de un lugar frente al océano Atlántico, resultaba cómodo y estratégico amarrar allí. Por ese motivo, durante la Gran Guerra (1914-1918) cumplió la función de ser un punto de cargamento para las guarniciones que abastecían a las tropas en Francia, según la información brindada por los Archivos de Nueva Escocia.

En cuanto a la vida de los habitantes de Halifax, para principios del 1900 era tranquila, pujante y se presentaba como una potencia frente a otros pueblos pesqueros de Canadá. Sin embargo, estaban emplazados sobre una bomba de tiempo que nunca imaginaron.

Era una mañana como cualquiera el 6 de diciembre de 1917. Mientras las familias se despertaban para preparar el desayuno a sus hijos, vieron cómo a lo lejos el buque noruego Imo, con provisiones para la Comisión de Socorro Belga que asistía en la Primera Guerra, estaba a punto de zarpar.

Los niños se levantaron, se sentaron frente a sus mesas y al paso que bebían su té con tostadas, sus padres se asomaron con mayor intriga a las ventanas de sus hogares. Otro buque de gran tamaño estaba próximo al puerto.

Tras la explosión se elevó una nube de humo hasta el cielo(Fuente: Instagram/@ns_archives)

Cuando Imo elevó anclas y se alejó del muelle poco antes de las 9.00 a.m. otro barco parecía que iba en la dirección contraria a él. Ese fue el inicio del desastre.

La Enciclopedia Británica describe que esa mañana el buque francés Mont-Blanc cargaba 3224 toneladas cortas de explosivos, 68 toneladas cortas de algodón pólvora, 271 toneladas cortas de benzol, 276 toneladas cortas de trinitrotolueno (TNT) y 2609 toneladas cortas de ácido pícrico, destinados al esfuerzo bélico galo en el frente.

Los habitantes de Halifax no tenían idea del material que este buque llevaba, ni tampoco las autoridades portuarias, que continuaron su rutina con normalidad.

Debido a la explosión se provocó un tsunami con olas de casi 18 metros que arrasaron con la zona norte de Halifax(Fuente: Instagram/@ns_archives)

Los barcos se dirigían de frente y pese a las señales de advertencia, ninguno cambió su ruta. Cuando se percataron del peligro, intentaron maniobras de evasión, pero resultaron inútiles. Ambos colisionaron y de inmediato el Mont-Blanc se incendió.

De acuerdo a las pericias históricas, el choque provocó que “bidones de benzol (un combustible de motor altamente inflamable derivado de los gases de horno de coque) se volcaran en la cubierta y derramaran su contenido”. Esto se encendió por un desperfecto técnico y el buque francés fue arrastrado hasta el muelle sin control.

Edificio en ruinas tras la explosión del buque Mont-Blanc en 1917(Fuente: George Grantham Bain Collection/Library of Congress, Washington, D.C. )

El humo atrajo la atención de todos, que rápidamente bajaron las colinas hasta la orilla del puerto y las calles aledañas. Desde los segundos pisos de las casas próximas, algunas familias con sus hijos observaron atentos el muro gris que comenzaba a elevarse en el aire y que alcanzaba el cielo.

Los marineros se lanzaron al agua y con los pocos botes salvavidas remaron hasta Halifax. Detrás, el barco en llamas se acercaba lentamente, pero a nadie parecía causarle temor. 9.04 a.m. el fuego alcanzó el almacenamiento de explosivos y todo estalló.

Escuela Tufts Cove el 6 de diciembre de 1917 después de la explosión del buque Mont-Blanc(Fuente: Instagram/@ns_archives)

La onda expansiva arrasó con 2,5 km a la redonda y provocó un tsunami con olas de hasta 18 metros de altura. La destrucción fue total en la parte norte de la ciudad. Solo quedaron escombros y 2000 muertos. Además, 9000 heridos saturaron los hospitales en busca de auxilio, algunos con lastimaduras leves y otros sin sus extremidades.

Las olas arrasaron con una longitud equivalente a tres cuadras hacia adentro de la ciudad y 1600 edificios quedaron destruidos. Los escombros se dispersaron por varios kilómetros y el buque noruego Imo fue arrastrado por la fuerza expansiva hasta la orilla, donde encalló.

Una de las calles principales de Halifax aún en ruinas dos años después de la explosión(Fuente: Instagram/@ns_archives)

Aquella tragedia pasó a ser conocida como uno de los desastres accidentales más grandes de la historia. Hasta ese entonces la humanidad no conocía una fuerza de explosión tan grande y tuvieron que pasar varios años para que la detonación de la primera bomba nuclear en Hiroshima en 1945 sea comparable.

Según Archivos de Nueva Escocia, los funcionarios de Halifax, muchos de los que habían participado en el reconocimiento de cuerpos por el hundimiento del Titanic en 1912, implementaron el mismo método de identificación con las víctimas que quedaron esparcidas por las calles de la ciudad y que más tarde se trasladaron a las morgues cercanas.

Después del accidente naval, se modificaron las leyes marítimas y se ajustaron a la altura del nuevo modo de comercio y transporte. Para ello fueron más estrictos los controles en materia de identificación de carga y control del tráfico portuario.

Así luce hoy Halifax como capital de Nueva Escocia, Canadá

En la actualidad, Halifax se erige como un faro en Nueva Escocia. Tiene edificios que superan los 20 pisos. Es la capital y ciudad más grande de esa provincia canadiense y posee el puerto más extenso de todo el país, con dirección al Atlántico. Es considerada una de las de mayor crecimiento poblacional e influencia económica. Cada 6 de diciembre suenan las campanas del memorial situado en el Fort Needham Park para honrar a las víctimas de la tragedia.