Después de cerrar hace unos meses la venta del banco BiBank, Fabio Calcaterra inició un proceso de reconversión industrial, con el que busca pasar del mundo financiero tradicional a la producción primaria. El exdueño de la marca de papas congeladas Simplot ahora impulsa el desarrollo de un polo hortícola en Carmen de Patagones, un proyecto agrícola orientado a la exportación, con una inversión de US$ 100 millones.
La apuesta responde a una decisión estratégica. Calcaterra asegura que en la Argentina los negocios están cada vez más asociados a la capacidad de combinar el conocimiento productivo con una visión financiera que asegure la continuidad en el tiempo de los proyectos. “En este país no alcanza con producir bien: hay que estructurar los proyectos financieramente para que sean sustentables”, asegura.
Si bien el empresario continúa con la explotación de 9000 hectáreas de papa en el departamento de San Carlos, en Mendoza, la base de su nuevo proyecto está en el sur de la provincia de Buenos Aires. Allí, el empresario apunta a capitalizar la experiencia acumulada en Mendoza, donde con Simplot se convirtió en uno de los principales productores de papas fritas precongeladas, un negocio del que luego se retiró tras vender hace tres años su participación a sus socios estadounidenses. Ahora, en Carmen de Patagones, donde el clima seco y los días largos favorecen los cultivos hortícolas, encontró un diferencial clave en la disponibilidad de agua.
“El clima en esta zona del sur de la provincia de Buenos Aires es muy similar al que tenemos en Mendoza, con buena amplitud térmica, pero la ventaja es que está el río Negro. Eso permite garantizar el riego y desarrollar una escala que en otros lugares del país sería muy difícil de alcanzar”, explica el empresario, cuya trayectoria estuvo, durante los últimos años, asociada a los nombres de su primo hermano, el expresidente Mauricio Macri, y de su hermano Angelo Calcaterra. “Nunca tuve participación en los negocios de la constructora ni socios familiares. Mis decisiones y mis riesgos fueron siempre a título personal”, subraya.
El emprendimiento —que lleva el nombre de San Tonino— ya cuenta con 10.000 hectáreas totales, de las cuales 2200 están actualmente bajo riego. El plan es alcanzar 5500 hectáreas bajo riego en los próximos dos años, con una inversión total de US$100 millones, de los cuales ya se ejecutaron alrededor de US$35 millones.
En las tierras de Carmen de Patagones se cultivan papa, ajo, cebolla, trigo, maíz y alfalfa, además de un feedlot destinado a integrar la producción forrajera con la ganadería. El modelo apunta a generar rotaciones sustentables y aprovechar la escala para abastecer tanto el mercado interno -hoy abastece tanto al mercado de los alimentos frescos como a la industria de los productos congelados- como las exportaciones. “La papa industrial es uno de los ejes, pero también hay mucho potencial en otros cultivos como el ajo, la cebolla y la alfalfa”, señala Calcaterra.
El grupo proyecta alcanzar una facturación anual de US$50 a 70 millones solo en el negocio hortícola y con la mira puesta en la exportación. Para Calcaterra, Carmen de Patagones puede convertirse en una suerte de “nuevo Cuyo” para la horticultura argentina.
“La calidad de la cebolla de la zona es igualable a la mejor de Mendoza, y el ajo tiene un gran potencial exportador en el mercado brasileño, mientras que con la alfalfa queremos llegar a Arabia Saudita. Lo estratégico es que el agua del río Negro permite garantizar productividad y estabilidad, algo cada vez más escaso en la Argentina”, explica.
El vínculo de Calcaterra con la papa —uno de los cultivos emblema del proyecto— no es nuevo. Se remonta a los años 90, cuando se incorporó a Alimentos Modernos, la empresa familiar dedicada a la producción de alimentos congelados. El negocio de los congelados y en particular el de la papa, hoy vive un fuerte crecimiento a nivel local a partir de las inversiones que están llevando adelante multinacionales del rubro, como la estadounidense Lamb Weston que a fines del año pasado inauguró una fábrica en Mar del Plata, con un desembolso que trepó a US$320 millones, y la canadiense McCain -que lidera el negocio de los alimentos congelados a nivel global y también en la Argentina- que anunció una inversión de US$100 millones en su planta de Balcarce. “Trabajando con socios estadounidenses y holandeses en el mercado de la papa conglelada, aprendí de todo: del campo, de la industria y de los ciclos financieros que condicionan a todos los negocios en la Argentina”, recuerda.
Esa experiencia temprana marcó su visión: la de un empresario que no ve al agro como un simple negocio primario, sino como un sistema integral que combina tierra, tecnología, financiamiento y la búsqueda de nuevos mercados. “La Argentina tiene una salida natural por la vía de la producción y exportación de cultivos y alimentos, pero también necesita agregar valor y estructurar financieramente los proyectos para que sean viables”, sostiene.
El otro gran frente de sus negocios se ubica en el mundo de la tecnología financiera, tras su salida del sector bancario. En octubre pasado, Calcaterra llegó a un acuerdo con el exejecutivo del Citibank, Eduardo Savastano, que se alzó con sus acciones en el BiBank.
Calcaterra había adquirido el banco en 2015, cuando operaba con el nombre de Interfinanzas. La entidad había nacido en 1971 como una financiera y en 1976 obtuvo la licencia para operar como un banco. Calcaterra le compró el 100% de las acciones a Miguel Angelino y José González de la Fuente y en 2022 inició un proceso de digitalización de todos sus operaciones que incluyó el cambio de nombre del banco a BiBank.
La reciente decisión de vender y retirarse del sistema bancario, explica, respondió a la concentración del sector y a la escala de inversión que exige competir en ese terreno. “Fue una buena experiencia, pero el sistema bancario argentino se concentró mucho. Hoy la clave está en la intersección entre lo financiero y lo tecnológico”, asegura.
La venta del banco no implicó, sin embargo, su salida completa del rubro financiero. Durante la pandemia, puso en marcha OpenPass, una empresa que provee la infraestructura tecnológica para billeteras virtuales, servicios de adquirencia y sistemas de pago abiertos. La firma nació como una compañía independiente, pero en 2022 Calcaterra vendió parte del paquete a Telecom, controlada por el grupo Clarín. “Empezamos con la idea de agregar valor al banco, pero después entendí que el futuro estaba en la tecnología. Compré una plataforma que ya operaba en el mercado, traje gente con experiencia en sistemas como SUBE y Monedero, y la hicimos crecer”, explica.
En la actualidad, OpenPass opera en tres verticales principales: farma, a través de Pharmapay, una solución para digitalizar pagos entre farmacias y laboratorios; adquirencia, con tecnología homologada por Visa internacional, y transporte, donde desarrolla infraestructura para sistemas de pago abierto, como el que hoy permite abonar el boleto de colectivo con una tarjeta o una billetera digital. La empresa ya participa en proyectos de transporte público en Salta, Tucumán, en distintas ciudades de la provincia de Buenos Aires y varios países de Centroamérica, y avanza con nuevos contratos en rubros como el retail y la energía, con el objetivo de posicionarse como un jugador tecnológico en la región.