Qué necesita la ganadería para consolidar su buen momento

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La ganadería es sinónimo de equilibrio sectorial, de rotación de cultivos con pasturas y verdeos, de sostenibilidad ambiental, pero sobre todo es sinónimo de ocupación territorial, federalismo y generación de empleo genuino.

Hace unos días, en Negocios del Campo, organizado por LA NACION, muchos panelistas coincidieron en que la ganadería atraviesa un buen momento con horizonte promisorio.

Lo cual comparto, la ganadería argentina se encuentra ante una gran oportunidad, pero considero que para que este momento se consolide, y, sobre todo se prolongue en el tiempo, es necesario mirar con atención y trabajar en ciertos aspectos.

Stock ganadero y productividad: hace muchos años que el stock ganadero no crece y es un problema. Si pensamos sostener el ritmo de faena actual y quizás crecer en nuestras exportaciones es necesario mirar este tema con atención. Si bien la faena de vacas de este año tiende a disminuir, es muy factible que el stock ganadero disminuya por tercer año consecutivo.

La Argentina está 30 kilos abajo en peso promedio por animal faenado que en países vecinos, y casi 200 kilos de Estados UnidosESV

Pero el problema no es solo la caída del stock, sino la baja productividad por animal. Cuando decimos baja productividad me refiero a ternero/vaca y peso de los animales para faena. Si bien se han dado ciertos avances, es necesario mejorar urgente ambos índices si queremos crecer en la producción total de carne.

Para ello se requiere un Programa Ganadero Nacional sólido, que apunte a dar incentivos y beneficios para lograr mejorar estos índices. Un programa que incluya créditos a tasas razonables para retención e incorporación de vientres, para producción de forraje (pasto es sinónimo de eficiencia productiva en ganadería). Pero, además, estímulos a la producción de más kilos por animal; quizás con un incentivo fiscal a los últimos kilos ganados pueda ser una herramienta de promoción. Pensar que la Argentina está 30 kilos abajo en peso promedio por animal faenado que en países vecinos, y casi 200 kilos de Estados Unidos. Hay mucho por trabajar y crecer.

Informalidad y dobles estándares: también para consolidar la cadena de cara al futuro se requiere del fuerte sinceramiento de todos los actores de la cadena. Es momento de decirnos la verdad si queremos ordenar y crecer; y además requiere coraje y voluntad política para llevarlo a cabo. Este sinceramiento debe ser profundo: en lo sanitario, fiscal, laboral y ambiental.

Para lograr el ordenamiento sanitario es necesario un Senasa fuerte, con políticas de Estado y no de gobierno, con un presupuesto acorde a sus responsabilidades y funciones para que garantice los alimentos para nuestra gente y el mundo comprador. Lamentablemente los bajos salarios y bajas expectativas determinaron que más de 500 profesionales abandonen el organismo, y que sin presupuesto no se estén cumpliendo las acciones mínimas de control.

El problema no es solo la caída del stock, sino la baja productividad por animal

Es un llamado de atención no solo al Gobierno, sino también a las entidades de la producción y la industria para que trasmitan con mayor énfasis la necesidad de un Senasa fuerte, moderno y consolidado. Algunos actores de la cadena debieran abandonar ciertas prácticas que poco ayudan a la mejora y eficiencia del organismo; quienes entienden que con lobby o entrometiéndose en los controles (cámaras de la industria han participado de auditorías; controlados controlando) logran sus objetivos.

A esta altura es inviable que coexistan diferentes estándares sanitarios en las plantas frigoríficas. Solo se resuelve con una nueva Ley Federal de Carnes. Era destacable la voluntad expresada por el Gobierno y muchos legisladores cuando el tema aparecía en el primer borrador de Ley Bases. Si bien luego fue dejado de lado, esperemos que se vuelva a plantear en un nuevo proyecto de ley. Sería la herramienta necesaria para que en el mediano plazo se logre su ordenamiento y la garantía de estándares sanitarios mínimos, dándole al Senasa la responsabilidad de control de toda la cadena para garantizar la sanidad e inocuidad de las carnes. Es una verdadera dicotomía que el Senasa pueda actuar sobre la sanidad de todas las vacas, pero no sobre toda la carne.

Y el ordenamiento fiscal es prioritario: ¿para qué más impuestos si después no se cobran, no se controla y desordenan la cadena? Para lograrlo también es necesario primero sincerarnos y estar dispuestos a hacerlo.

Siempre le echamos la culpa al carnicero, pero es el eslabón que, producto de la presión fiscal, de las retenciones acumuladas de ingresos brutos, y demás, muchas veces no quiere recibir la factura por la mercadería recibida. Y es allí donde se inicia un desequilibrio fiscal manifiesto que distorsiona toda la cadena. Quizás un monotributo especifico, y una alícuota baja y unificada de Ingresos Brutos sea una alternativa inicial.

La informalidad, los dobles estándares sanitarios, ambientales y laborales, son todos temas que muchos los reconocen, pero llevamos décadas sin abordarlo.

Mercados, la dependencia de China: año a año las exportaciones a China fueron incrementándose, hasta alcanzar guarismo donde más del 75% de nuestras carnes van a ese país. Ello no deja de ser una oportunidad, pero también un riesgo. Un riesgo de precios, pues un cambio en les expectativas de compra de China cambia los rumbos y valores internos. Y ahora la salvaguardia en análisis, atento al reclamo realizado por los ganaderos chinos, que podría cuotificar o incorporar aranceles de ingreso a nuestras exportaciones de carnes.

Firmemente, la Argentina debería trabajar en modificar y ampliar su cartera de clientes en carnes, y así minimizar un poco esta dependencia. Para ello avanzar en un nuevo acuerdo con Estados Unidos que amplíe las cuotas, lograr la apertura de Japón con avances realizados hace años, la apertura de otros mercados del sudeste asiático, entre otros temas serían muy necesarios.

Infraestructura rural: para pensar en crecer en la producción se requiere también una mirada seria en la infraestructura. No solo en las nuevas inversiones necesarias en puertos, rutas, accesos, sino en las reparaciones y mantenimiento de las actuales. Hace años, con la excusa que la coparticipación de las provincias a los municipios no les alcanzaba para poder reparar rutas y calles, se avanzó con las tasas viales.

Hoy se transformaron en un impuesto muy costoso, y que además no cumple el rol para lo cual fueron creadas. Muchos intendentes de la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, reconocen que es muy poco lo que se afecta directamente a los caminos, es una vergüenza. Carbap y sus rurales están haciendo un buen trabajo en ese sentido, pero es deber de todos trabajar por este tema, acompañar las gestiones de cada rural, y cortar este atropello. Quizás legislar que en todos los distritos se trabaje con consorcios, que son los únicos que trabajan bien y con caminos entoscados y en condiciones.

No hay que dormirse en los laureles de buenos precios circunstanciales, sino que haciendo pie en este buen momento, es necesario avanzar en estos temas de prioridad. Los ganaderos con reglas claras y perspectiva apostamos y crecemos, más en tiempos donde la agricultura flaquea. Pero los procesos del ganado son largos, decisiones de hoy tienen frutos recién en varios años.

Las lonjas salen del mismo cuero, tasa vial, guías, permiso de marcas y demás son nuevos costos que han ido creciendo y deben abordarse urgente para frenar sus incrementos e indebidos cobros. También sumo al Ipcva, del cual somos cautivos los ganaderos. El Gobierno en su afán de desregular debiera analizar que es hora de eliminar el cobro coercitivo a los productores, más cuando gran parte de la industria (principales beneficiarios) no están aportando.

La ganadería está pasando un buen momento, pero si se lograra avanzar en estos temas, podremos garantizar que esta realidad se consolide en el tiempo.

El autor es productor, exvicepresidente del Senasa

El autor es productor agropecuario y exvicepresidente de Senasa