En lo que todo el mundo conocía como “El Comercial de Ramos”, oficialmente Escuela Nacional Superior de Comercio de Ramos Mejía, en 1956 fui alumno de José Farga, quien dictaba un curso de historia. Al terminar el primer trimestre tomó una prueba escrita y, mientras escribíamos, se puso a leer el diario (dato para imberbes: en aquel momento los diarios eran impresos y de grandes dimensiones), lo cual le impedía saber qué estaban haciendo los alumnos.
Unos días más tarde apareció con las pruebas corregidas y nos hizo pasar al frente a media docena de estudiantes a los cuales les había puesto un 10. Yo fui uno de ellos. A cada uno nos interrogó. Yo había estudiado, así que no tuve dificultad en contestar, por lo cual me mantuvo la nota. A los piolas, quienes aprovechando la “distracción” de Farga se habían copiado, los bochó. Luego de lo cual continuó dictando el curso.
Este testimonio sirve para entender lo que está ocurriendo con la decisión de verificar las pruebas que obtuvieron me..
Read more