La llanura pampeana cobija sus cicatrices. Muchos campos poseen, vecinos a un arroyo o a una laguna, los restos casi invisibles de su presencia; el dibujo apenas esbozado de un foso o la pequeña lomada en donde antiguamente hubo un rancho de “chorizo”, pomposamente denominado: “la comandancia”. Los hubo, siempre con el corral para la caballada agazapado a su vera, de todas las formas posibles: cuadrados, redondos, triangulares, trapezoidales… fueron construidos con variedad de materiales: algunos, los menos, de piedra, los más de corral de palo a pique o pared de panes de adobe. Sus dotaciones conformaron enclaves que albergaron desde cientos de efectivos, a las liliputienses de cuatro soldados y un oficial.
El trazo imborrable de su recuerdo está presente en el imaginario simbólico de la región pampeana, la mayoría de los partidos de la provincia de Buenos Aires cuentan con varios de ellos, y por si esto fuera poco, numerosos centros tradicionalistas y cantidad de establecimientos r..
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