El fútbol y su moneda común, el dólar, tienen su propia historia en la Argentina. La convertibilidad que se agotó con los primeros latidos del nuevo milenio abrió una brecha cambiaria que les marcó la cancha a los clubes argentinos que cambiaron su modelo de negocios: ya no era cuestión de importar figuras, sino de exportar los talentos incipientes.
El fútbol argentino comenzó a jugar su propio partido para tener, disponer y cambiar al mejor precio, los dólares que comenzaron a ingresar de a decenas de miles por esas ventas o premios de Conmebol, FIFA y algunos acuerdos publicitarios.
Corralito, bancarización, contratos en pesos, dólar oficial, negro, blue, MEP, Impuesto País, cripto-transferencias y hasta el pedido de un tipo de cambio propio para el fútbol: malabares de los últimos 25 años en los que el dólar pasó de valer un peso a 1067,50, según la cotización del banco Nación al cierre de este artículo.
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