Durante décadas, la cara de Montevideo fue una postal nostálgica: las calles empedradas características de Ciudad Vieja, el olor a café, las fachadas detenidas en el tiempo y un puerto que marcó el impulso del comercio rioplatense. Pero en los últimos años, la capital uruguaya se transformó en algo más y hoy es un imán para inversores, emprendedores y empresas que buscan estabilidad, proyección a largo plazo y una identidad cultural compartida.
A solo tres horas de Buenos Aires, y con más de 1,5 millones de pasajeros anuales que cruzan el Río de la Plata -de los cuales el 45% son argentinos-, Uruguay se consolidó como una de las economías más estables de la región, con baja inflación, crédito en expansión, un mercado inmobiliario que combina previsibilidad con crecimiento y una aspiración a convertirse en un centro tecnológico para atraer a empresas globales. Esto explica por qué el país se volvió un destino habitual para la inversión argentina, tanto en Montevideo como en Punta del ..
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