Un agente inmobiliario, Mike Fabbri, todavía recuerda el frío que sintió al abrir la puerta de un departamento cerca de Washington Square Park, en Manhattan.
Su clienta, una planificadora de medios de unos 20 años,buscaba un departamento tranquilo de una habitación en Greenwich Village. Entró y salió inmediatamente. “Dijo: ‘Me parece bien un fantasma simpático, pero sentí una energía muy maligna en ese lugar’”, recordó Fabbri.
Él se solidarizó. “Le dije: ‘Sabés, hay cosas que se pueden cambiar en un departamento, como el papel de las paredes. Pero no se puede cambiar un espíritu maligno o un demonio sin sacerdotes. Sigamos adelante’”.
Fabbri la ayudó a encontrar lo que él llamó una unidad “encantadora” en una cooperativa de antes de la guerra. Sin fantasmas.
Las casas embrujadas, si se cree en ellas, pueden ser problemáticas para los agentes inmobiliarios. El New York Times habló con agentes que aceptaron lo macabro o al menos aprendieron a desenvolverse en él, ya sea como creyente..
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